En una calurosa tarde en Barrancabermeja, el maestro Wilson Choperena (letra) compartía con amigos cuando, como un espejismo, apareció la imponente negra Soledad. Al verla ondular su pollera rojo pasión con un ritmo hipnotizante, el maestro quedó cautivados por la magia del momento y, en un arrebato de inspiración siguiendo las notas musicales del maestro Juan Bautista Madero Castro (melodía), dio vida al grito musical que inmortalizaría nuestro folclore:
"aaayy, al son de los tambores, esta negra se amaña y al sonar de la caña va brindando sus amores..."
La "Puerta de Oro" y cuna del Realismo Mágico, es un crisol de culturas donde el río se abraza con el mar. Es la tierra del Junior, del Carnaval eterno y de sabores únicos como el arroz de liza; un hogar de migrantes con corazón currambero. Pero, ante todo, es el escenario de la mujer barranquillera, cuya belleza y cadencia inspiran a leyendas como Gabo, el Joe, Shakira y Sonia Osorio. Es una ciudad de contrastes, elegancia y alegría vibrante, donde cada rincón respira historia, alegría y pasión.
El Carnaval de Barranquilla es el estallido de un pueblo que transmuta su historia en alegría. Es un torbellino de realismo mágico donde el río Magdalena y el mar Caribe convergen para bautizar a la "Arenosa" como la capital mundial del goce.
En esta fiesta, la vida se disfraza de Cumbia, Congo, Garabato, y Marimonda y otras danzas, para burlar a la muerte al son de tambores y flautas de millo. Es el patrimonio cultural e inmaterial de la humanidad donde el pasado indígena, la fuerza africana y la herencia hispana se funden en un solo abrazo de polleras y máscaras. Más que un evento, es el alma colectiva de Colombia que, cada año, le recuerda al mundo que quien lo vive es quien lo goza.
Desde 1992, la Cumbiamba "La Pollera Colorá" ha sido el latido vivo del Carnaval de Barranquilla. Nacida del grito musical del maestro Choperena, esta agrupación ha convertido el pavimento de la Vía 40 en un río de seda carmesí que fluye al compás de la flauta de millo, guacharaca y tambora.
Con la dirección general del gran "Viejo Max" (Max Visbal de la Hoz) y la dirección artística de "La Llillo" (Max Visbal de la Hoz), sus bailarines no solo danzan; custodian un legado. Con el rojo pasión ondeando al viento y la elegancia de la negra Soledad en cada movimiento, han mantenido encendida la llama del folclore, demostrando que tres décadas no son solo tiempo, sino una eternidad de herencia, sudor y gloria bajo el sol currambero. Son el eco de una raza que se resiste al olvido y que baila, hoy más que nunca, con el corazón en la pollera.